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El cuerpo y la bailarina

Los movimientos de la bailarina son estáticos o de traslación. La verdadera interpretación se produce cuando la intérprete, con calidad y gracia, se vale de la totalidad de su cuerpo, poseyendo gran dominio del mismo, así también un poderoso manejo del equilibrio y con las emociones debidamente canalizadas. Es el arte de saber disociar un cuerpo en partes y de esta forma asociarlo nuevamente ante una rica variedad de ritmos. Enmarcados además con una gran ductilidad en las manos y una expresiva mirada, puntos donde se concentra la hechizante sensualidad de la mujer oriental. Nos comentan los idóneos en el tema: “Caderas como un huracán y manos suaves como alas de un ángel”.

En mi opinión, considero que somos parte de una sociedad que se encuentra inmersa en una constante negación de asumir su genuina identidad, provocando nuevas patologías y discriminaciones que empujan sus integrantes cada vez más a su propia imaginación e incapacidad de amarse y ser felices. Vacío que coloca a la “autoaceptación” en una metáfora mitológica del pasado. “No a la gordura, no a la fealdad, no a ser como uno es, y un no rotundo a las simples cosas de la vida”; una gama de negaciones que perpetúan al ser a una profunda disconformidad de su existencia. Estas son algunas de las consecuencias o efectos, que derivan en causas diversas y que provocan e distanciamiento con la propia esencia.

El cuerpo es algo más que una materia orgánica, es nuestro tesoro más preciado donde radica toda la materia prima que nos servirá para alcanzar nuestra meta creativa. Así como en oriente se considera al cuerpo como vía de elevación espiritual, para la danza del vientre es el instrumento intérprete esencial para nuestra creación artística, con la cual nos proyectamos y comunicamos. Lamentablemente par algunas bailarinas esta danza se reduce sólo a unos descompasados movimientos sin sentido alguno, desvincularos no sólo de la música, sino peor aún de su propio cuerpo.

Cuando una mujer se proyecta a través de su fantasía, suele visualizarse con un traje sobre un escenario. Pero lo importante es conocer qué pasos hay que superar para llegar a concretar este sueño. Siempre nos resulta más atractivo querer comenzar por el final, aunque esta fantasía pueda servirnos como movilización inicial, el primer paso para introducirse en el mundo de la danza del vientre consiste en la conexión y aceptación plena de nuestro cuerpo. Para llegar a eso debemos aprender a recibir el mensaje de su potencial y capacidad, como así también sus propias limitaciones que en definitiva serán los desafíos que nos acercarán más a la meta deseada. Tengamos presente que decir danza del vientre no se está refiriendo únicamente a una parte determinada del cuerpo, sino ampliamente a un lenguaje del ser, en toda su dimensión.

Cfr. Amir Thaleb

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